Trump autoriza operaciones encubiertas de la CIA en Venezuela

La tensión entre Estados Unidos y Venezuela vuelve a escalar. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha confirmado públicamente que ha autorizado a la CIA a realizar operaciones encubiertas en territorio venezolano, reabriendo un frente geopolítico que muchos creían cerrado desde hace años.

El anuncio, realizado desde el Despacho Oval y ante las cámaras, supone un giro en la estrategia de Washington hacia el régimen de Nicolás Maduro, al que Trump ha vuelto a acusar de “narcoterrorista” y de “vaciar las cárceles” enviando a delincuentes a cruzar la frontera estadounidense.

Trump autoriza operaciones de la CIA en Venezuela

La CIA vuelve al tablero latinoamericano

Durante su intervención, Trump justificó la decisión por dos motivos: el tráfico de drogas y la crisis migratoria. Aseguró que “el mar ya está bajo control” y que, por tanto, “ahora se estudiarán operaciones en tierra”. Con ello, reconoce de forma explícita que la CIA podrá actuar directamente dentro de Venezuela, lo que rompe décadas de prudencia diplomática en la región.

El presidente estadounidense se mostró desafiante ante las preguntas de los periodistas: “¿He autorizado operaciones para derrocar a Maduro? Sería ridículo que yo respondiese una pregunta así”. Sin confirmarlo ni negarlo, su gesto bastó para encender las alarmas internacionales.

Este tipo de declaraciones recuerdan los años de la Guerra Fría, cuando la agencia norteamericana participó activamente en golpes de Estado en América Latina. Ahora, el propio Trump asegura que la CIA “será más agresiva” y que su objetivo es restaurar la seguridad y la democracia en un país “secuestrado por criminales y narcotraficantes”.

El despliegue militar en el Caribe

Las palabras del presidente no son solo retórica. En paralelo al anuncio, el Pentágono ha desplegado miles de tropas en el Caribe, incluidos marines a bordo de buques de asalto anfibio. Según fuentes militares, la operación busca “garantizar la seguridad marítima y frenar las rutas del narcotráfico”.

En los últimos días, la marina estadounidense ha destruido cinco lanchas que, según Washington, transportaban droga hacia el país. En la acción murieron 27 personas, que ya no podrán defenderse ante un tribunal. Trump bromeó más tarde diciendo que “ya nadie se atreve a pescar por allí”, una frase que ha generado críticas incluso dentro de Estados Unidos por su tono burlón ante la pérdida de vidas humanas.

El mensaje es claro: Estados Unidos ha vuelto a mostrarse como una potencia militar dispuesta a intervenir en su “patio trasero”. La estrategia, según el propio Trump, se resume en su doctrina favorita: “paz a través de la fuerza”.

Las acusaciones contra Maduro

Washington acusa desde hace años al gobierno venezolano de colaborar con redes de narcotráfico y de utilizar las instituciones del Estado para proteger a los líderes del llamado “Cartel de los Soles”, integrado por altos mandos del ejército chavista.

Ahora, la Casa Blanca ha dado un paso más y ha ofrecido una recompensa de 50 millones de dólares por la captura de Nicolás Maduro, al que describe como “narcoterrorista” y “amenaza para la estabilidad del continente”.

Maduro, por su parte, ha respondido acusando a Estados Unidos de buscar el petróleo venezolano bajo el pretexto de la lucha contra las drogas. En un mensaje televisado, denunció que “la CIA solo quiere volver a controlar América Latina” y preguntó: “¿Hasta cuándo golpes de Estado? América Latina no los quiere”.

El discurso del líder bolivariano se apoyó en la memoria histórica: recordó las operaciones encubiertas de Estados Unidos en Chile, Guatemala y Nicaragua, todas ellas con la participación directa de la CIA. “Ellos hablan de libertad, pero traen destrucción”, afirmó.

Un contexto de máxima tensión

El movimiento de Trump se produce en un momento especialmente delicado para la región. Venezuela sigue atravesando una de las crisis humanitarias más graves del continente, con millones de personas desplazadas y una economía devastada.

Además, la reanudación de relaciones diplomáticas con Rusia e Irán por parte de Caracas ha inquietado a Washington, que teme una mayor influencia de ambos países en Sudamérica. La decisión de autorizar a la CIA podría ser interpretada como un intento de frenar esa expansión geopolítica y recuperar el control de la zona.

Mientras tanto, la frontera colombo-venezolana continúa siendo una de las más inestables del hemisferio. Los informes de inteligencia señalan la presencia de grupos armados y del crimen organizado, lo que facilita el tráfico de drogas y armas hacia el Caribe y Centroamérica.

El despliegue estadounidense, unido a las declaraciones de Trump, ha elevado la tensión militar y ha hecho que muchos analistas teman una escalada similar a la de los años 80, cuando las operaciones encubiertas derivaron en conflictos abiertos.

Reacciones internacionales y dudas internas

La comunidad internacional ha reaccionado con preocupación. La ONU y la Unión Europea han pedido moderación y respeto al derecho internacional, recordando que ninguna operación encubierta puede justificar la violación de la soberanía de otro país.

En América Latina, las reacciones son dispares. Colombia y Ecuador han respaldado la iniciativa, argumentando que el narcotráfico venezolano afecta directamente a su seguridad. En cambio, México, Brasil y Argentina han expresado su rechazo a cualquier intervención militar y han pedido una solución negociada a la crisis.

Dentro de Estados Unidos, el movimiento también genera división. Algunos sectores del Congreso consideran que Trump está usando la CIA con fines políticos, tratando de reforzar su imagen de líder fuerte antes de las elecciones de medio mandato. Otros, en cambio, aplauden el golpe de autoridad y creen que era necesario “recuperar el respeto perdido” en el continente.

Venezuela, una pieza más en el tablero global

El regreso de la CIA a la primera línea latinoamericana muestra que Venezuela vuelve a ser una pieza estratégica en el tablero global. Su ubicación, sus reservas de petróleo y su alianza con potencias rivales de Estados Unidos la convierten en un punto de fricción inevitable.

El anuncio de Trump puede ser el inicio de una nueva etapa de confrontación indirecta entre Washington, Moscú y Pekín, todos con intereses cruzados en la región. En ese escenario, el pueblo venezolano sigue siendo el gran perdedor: atrapado entre las sanciones, la represión interna y las amenazas externas.

De momento, Maduro se mantiene firme en el poder y Trump ha dejado claro que no tiene intención de bajar la presión. “Venezuela está sintiendo la presión”, dijo entre sonrisas. Una frase que resume la esencia de su política exterior: mostrar fuerza, aunque sea a costa de reabrir viejas heridas.

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