Rusia admite contactos con Venezuela en plena tensión con Estados Unidos
El Kremlin ha admitido este fin de semana que mantiene contactos directos con Venezuela, tras conocerse que Nicolás Maduro habría pedido ayuda a Rusia, China e Irán para reforzar la defensa del país ante el creciente despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe.
El portavoz del Gobierno ruso, Dmitri Peskov, confirmó los contactos al asegurar que “estamos en comunicación con nuestros amigos venezolanos”, aunque evitó comentar si existe una solicitud formal de ayuda militar. Aun así, dejó claro que ambos países están “unidos por obligaciones contractuales”, una frase que en lenguaje diplomático suele esconder compromisos estratégicos de defensa.

Maduro busca apoyo militar ante la amenaza de Washington
El origen de esta escalada parte de informaciones del Washington Post, según las cuales Venezuela habría pedido respaldo directo a Moscú, Pekín y Teherán.
El objetivo sería reforzar la defensa aérea y marítima ante lo que Caracas considera “una amenaza inminente” de intervención militar estadounidense.
En paralelo, el gobierno de Donald Trump ha intensificado su despliegue naval en el Caribe, sumando ocho buques de guerra, tres buques anfibios y un submarino, el mayor movimiento militar de Estados Unidos en la zona desde la Guerra del Golfo de 1991.
El Pentágono insiste en que se trata de un “ejercicio de disuasión”, pero varias fuentes del Miami Herald y The Wall Street Journal aseguran que se preparan posibles ataques a objetivos militares venezolanos.
Maduro, por su parte, ha elevado el tono y ha pedido al Tribunal Supremo que retire la nacionalidad a cualquier venezolano que apoye una invasión extranjera, acusando a Washington de intentar “expulsarlo del poder por la fuerza”.
Una alianza que va mucho más allá del discurso
Rusia y Venezuela mantienen una relación estratégica desde hace años, cimentada en acuerdos energéticos, armamentísticos y financieros.
En mayo, durante una visita de Maduro a Moscú, ambos países firmaron un pacto de asociación estratégica que refuerza su cooperación en defensa, tecnología militar y exploración energética.
El Kremlin ha reiterado esta semana su apoyo “ante las amenazas existentes y potenciales que emanan de Estados Unidos”.
En la práctica, eso podría traducirse en asesoría militar, transferencia de tecnología o suministro de armamento avanzado, algo que ya ha ocurrido en conflictos anteriores con Siria o Libia.
Para Rusia, Venezuela representa una pieza clave para proyectar influencia en el hemisferio occidental, del mismo modo que Estados Unidos lo hace en Europa del Este.
El mensaje de fondo es claro: si Washington se acerca a Ucrania, Moscú se acerca al Caribe.
Trump niega una invasión, pero aumenta la presión
Desde la Casa Blanca, Trump ha negado que existan planes de atacar Venezuela, aunque sus declaraciones recientes dejan un margen ambiguo.
Ha calificado a Maduro como “un dictador ilegítimo” y ha insistido en que “todas las opciones siguen sobre la mesa”.
Mientras tanto, el despliegue militar en la región continúa creciendo, y varios analistas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) advierten que la situación se está acercando peligrosamente a un punto de no retorno.
Una provocación o un incidente en aguas caribeñas podría desencadenar una crisis internacional en cuestión de horas.
China e Irán, los aliados silenciosos
Aunque no lo han confirmado oficialmente, China e Irán también estarían implicados en esta red de apoyo a Caracas.
Pekín mantiene inversiones millonarias en el país latinoamericano, especialmente en el sector energético, y ha sido uno de los principales acreedores del régimen de Maduro.
Por su parte, Irán ha utilizado la alianza con Venezuela como vía de escape ante las sanciones occidentales, enviando combustible, repuestos y tecnología a cambio de oro y materias primas.
De materializarse esta cooperación trilateral con Rusia, estaríamos ante un nuevo bloque antioccidental en América Latina, algo que no se veía desde la Guerra Fría.
El Caribe, el nuevo tablero del poder
Estados Unidos observa con preocupación la posibilidad de que Rusia establezca una base logística o militar en territorio venezolano.
Aunque sería improbable a corto plazo, el simple hecho de que Moscú reconozca “contactos activos” con Caracas ya es suficiente para alterar los equilibrios en la región.
El Caribe, históricamente considerado el “patio trasero” de Washington, podría convertirse de nuevo en un escenario de tensión global, como lo fue durante la crisis de los misiles de Cuba en 1962.
Esta vez, los protagonistas son distintos, pero el guion se parece demasiado.
Maduro busca oxígeno, Putin gana terreno
Lo que en apariencia es una petición de ayuda militar es, en el fondo, una jugada desesperada de supervivencia política.
Maduro busca blindarse ante una posible ofensiva exterior, pero también enviar un mensaje interno de fuerza en medio de una crisis económica y social sin precedentes.
Rusia, en cambio, aprovecha el momento para reforzar su influencia en América Latina y desafiar a Estados Unidos en su propio entorno geopolítico.
Y así, mientras el mundo mira a Ucrania y Oriente Medio, el tablero se calienta también en el Caribe, donde cada movimiento cuenta y cada silencio pesa más que una amenaza.
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