Putin respalda el plan de paz de Trump mientras presume de nuevas armas nucleares
En un tono calculadamente conciliador, pero con su habitual trasfondo de poder, Vladimir Putin ha sorprendido al mundo al respaldar el plan de paz de Donald Trump para Gaza. El mandatario ruso lo ha hecho durante una rueda de prensa en Tayikistán, donde aseguró que “Rusia apoya los esfuerzos por una paz duradera en Oriente Medio” y que el plan impulsado por Trump “va en la buena dirección”. Sin embargo, minutos después, el discurso tomó un giro inquietante: Putin anunció que Rusia está desarrollando nuevas armas nucleares y advirtió que podría retomar los ensayos si otros países hacen lo mismo.
Un contraste tan brutal que muchos analistas lo han definido como un ejemplo perfecto del doble discurso del Kremlin: hablar de paz mientras se exhibe músculo militar.

Un apoyo con condiciones
Putin quiso dejar claro que el plan de Trump le parece positivo porque incluye un punto que Moscú considera esencial: la creación de un Estado palestino viable. “No puede haber paz duradera sin que el pueblo palestino tenga su propio Estado”, afirmó.
Con estas palabras, el líder ruso intenta situarse en el centro del tablero diplomático, proyectando una imagen de mediador internacional mientras se distancia de los países occidentales.
Eso sí, cuando los periodistas le preguntaron si Trump merecía el Premio Nobel de la Paz, Putin esquivó la cuestión con elegancia: “No me corresponde a mí decidirlo, pero hace mucho por resolver conflictos que llevan décadas enquistados”. Un guiño calculado al expresidente estadounidense, con quien mantiene una relación de respeto y estrategia mutua.
Críticas veladas al Comité Nobel
Durante la misma comparecencia, el presidente ruso aprovechó para lanzar un dardo al Comité Nobel noruego, que acababa de otorgar el premio a María Corina Machado, líder opositora venezolana. Putin aseguró que en el pasado se ha concedido el Nobel “a personas que no han hecho nada por la paz”, lo que, según él, “daña el prestigio del galardón”.
Sus palabras no pasaron desapercibidas. Muchos interpretan este comentario como una crítica indirecta a Occidente, y en particular al uso del Nobel como “arma política” contra regímenes autoritarios aliados de Rusia, como Venezuela o Irán.
El anuncio de las nuevas armas nucleares
Lo que realmente encendió las alarmas fue el segundo bloque de su discurso. Putin anunció que Rusia está probando con éxito nuevos sistemas de armamento nuclear, y que pronto presentará algunos de ellos públicamente.
Además, advirtió que si otros países retoman los ensayos nucleares, Rusia “hará lo mismo sin dudarlo”.
A la vez, el presidente ruso ofreció una de cal y otra de arena: propuso renovar por un año el Tratado START, el último acuerdo de desarme nuclear vigente entre Estados Unidos y Rusia. Pero incluso esa propuesta fue interpretada por muchos como un movimiento táctico para ganar tiempo mientras continúa reforzando su arsenal.
Entre la paz y la amenaza
El discurso de Putin encierra una paradoja que no es nueva en su forma de gobernar: presentarse como un defensor de la estabilidad global, mientras fortalece su posición militar y desafía los equilibrios internacionales.
Esta estrategia busca, en parte, reconstruir su imagen internacional tras el aislamiento causado por la invasión de Ucrania. Hablar de paz en Gaza le permite aparecer como un actor racional y conciliador, aunque su comportamiento en otros escenarios diga justo lo contrario.
En Moscú, los medios estatales destacaron la parte “diplomática” de su intervención, omitiendo cualquier referencia al rearme nuclear. Pero fuera de Rusia, los titulares se centraron en esa contradicción que define tan bien al Kremlin: un discurso que empieza con palomas y termina con misiles.
Un mensaje hacia Estados Unidos
Al final, más allá de Gaza o del Nobel, el mensaje de Putin parece dirigido a Washington. Su advertencia sobre los ensayos nucleares y la insistencia en renovar el START apuntan a una idea clara: Rusia quiere ser tratada de igual a igual en cualquier negociación global. Y con la vuelta de Trump al centro de la escena internacional, el Kremlin ve una nueva oportunidad para reposicionarse.
El líder ruso, que domina el arte de enviar mensajes entre líneas, ha conseguido una vez más lo que quería: que el mundo hable de él. Y lo ha hecho mezclando la palabra “paz” con el recordatorio de que sigue siendo uno de los hombres más peligrosos del planeta.
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