¿Por qué Trump y EE. UU. están interesados en Groenlandia? Las claves
Groenlandia no es una isla cualquiera. Es la más grande del mundo y ocupa una posición clave entre Norteamérica, Europa y el Ártico, controlando puntos que durante décadas han sido fundamentales para la defensa y el control estratégico del hemisferio norte. Su cercanía al Estrecho de Davis, un corredor marítimo entre Canadá y Groenlandia, lo convierte en un área crítica para la vigilancia naval y el tráfico entre el Atlántico y el Ártico, un factor que refuerza el interés militar y de inteligencia de Estados Unidos.
Desde la Segunda Guerra Mundial, Washington ha considerado a Groenlandia como un pilar de su defensa continental. El control —aunque sea parcial y mediante acuerdos— de puntos clave como la base espacial de Pituffik ha permitido a Estados Unidos monitorizar rutas aéreas y marítimas que conectan sus costas con Europa y Asia, y mantener una ventaja en sistemas avanzados de alerta temprana ante misiles o amenazas externas.

Minerales y recursos naturales: mucho más de lo que parece bajo el hielo
Bajo su enorme capa de hielo, Groenlandia contiene una gran riqueza de minerales estratégicos, incluidos elementos de tierras raras, uranio, zinc y otros metales esenciales para la industria moderna, desde teléfonos móviles hasta tecnología militar y energías renovables.
Aunque la extracción en el entorno ártico es extremadamente compleja y costosa, el potencial a largo plazo de estos recursos es enorme. En un contexto global donde la producción de tierras raras está muy concentrada en unos pocos países, asegurar fuentes alternativas se ha convertido en una prioridad estratégica para Estados Unidos.
Cambio climático y nuevas rutas marítimas
El calentamiento global está transformando el Ártico a un ritmo acelerado. El deshielo progresivo está abriendo la posibilidad de nuevas rutas marítimas, como el Pasaje del Noroeste, que podrían reducir de forma significativa los tiempos de transporte entre Asia, Europa y América del Norte.
Esto no solo supone una oportunidad comercial, sino también un reto geopolítico: quien controle o supervise estas rutas tendrá una posición de ventaja en el comercio y la seguridad global del futuro.
Competencia con Rusia y China: la nueva carrera del Ártico
En los últimos años, Rusia ha reforzado su presencia militar en el Ártico, mientras que China ha aumentado su inversión y su influencia económica en la región, pese a no ser un país ártico. Esta situación ha encendido las alarmas en Washington.
El Ártico ya no es visto únicamente como una región remota o científica, sino como un nuevo escenario de rivalidad entre grandes potencias, donde la vigilancia, el acceso y la capacidad de respuesta rápida son clave.
Historia del interés estadounidense: no es una idea nueva
Estados Unidos ha mostrado interés en Groenlandia en varias ocasiones a lo largo del siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial, incluso se planteó formalmente la posibilidad de adquirir la isla para reforzar su seguridad en el hemisferio norte.
Aunque esas propuestas nunca prosperaron, el interés estratégico nunca desapareció. Groenlandia ha sido, durante décadas, una pieza silenciosa pero crucial en la arquitectura defensiva de Estados Unidos y sus aliados.
Trump y el enfoque político sobre Groenlandia
Donald Trump ha llevado este interés a un plano mucho más visible y polémico. Durante su etapa presidencial y en declaraciones posteriores, ha insistido en que Groenlandia es clave para la seguridad de Estados Unidos y para frenar la influencia de China y Rusia.
Sus afirmaciones sobre la posibilidad de “poseer” Groenlandia han generado fuertes reacciones diplomáticas, especialmente en Dinamarca y entre las autoridades groenlandesas, que han rechazado de forma tajante cualquier intento de compra o anexión.
Reacciones internacionales: soberanía y tensiones diplomáticas
Tanto Groenlandia como Dinamarca han defendido con firmeza su soberanía, recordando que la isla es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca y que cualquier decisión sobre su futuro corresponde exclusivamente a sus ciudadanos.
Además, un movimiento unilateral por parte de Estados Unidos podría generar tensiones dentro de la OTAN, ya que Dinamarca es un aliado clave y la estabilidad del Ártico es una cuestión compartida entre varios países occidentales.
Mucho más que una isla de hielo
El interés de Estados Unidos en Groenlandia responde a una combinación de geopolítica, seguridad militar, recursos estratégicos y cambios climáticos que están redefiniendo el equilibrio de poder global.
No se trata solo de una ambición personal de Trump, sino de una región que se ha convertido en una de las piezas más codiciadas del tablero internacional. Sin embargo, cualquier intento de control externo choca con principios fundamentales como la soberanía, la autodeterminación y el derecho internacional, que siguen siendo el principal freno a estas aspiraciones.
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