Negociaciones Israel–Hamás en Egipto: qué se discute y qué falta

La nueva ronda de conversaciones entre Israel y Hamás en Egipto busca destrabar un plan de varias fases que permita la liberación de rehenes, el intercambio por presos palestinos y un marco de seguridad que reduzca la violencia en la Franja de Gaza. Llega en plena presión internacional, con mensajes firmes desde Estados Unidos, y sin un alto el fuego formal mientras continúan los bombardeos.

Negociaciones Israel–Hamás en Egipto

Dónde y quiénes negocian

Las delegaciones se encuentran en Egipto, con la mediación de El Cairo y Catar, y con presencia de Estados Unidos. Por el lado israelí, el círculo de confianza del primer ministro coordina la posición y los tiempos; por el lado de Hamás, participa su cúpula política con figuras que han sobrevivido a intentos de asesinato recientes. Washington ha enviado a su enviado especial para Oriente Próximo con el objetivo de apuntalar un marco común que ambas partes puedan firmar.

Qué hay sobre la mesa

El documento que sirve de base es un plan en varias etapas acordado a nivel técnico en Washington. Sus grandes bloques son:

  • Rehenes y presos: liberación escalonada de rehenes israelíes a cambio de un canje de presos palestinos y garantías de seguridad durante los traslados.
  • Desescalada militar: reducción progresiva de operaciones y retirada por líneas predefinidas dentro de Gaza, con zonas de amortiguación temporales.
  • Gobernanza transitoria: transferencia de la administración civil a un gobierno palestino de tecnócratas, con apoyo y supervisión internacional.
  • Rehabilitación y ayuda: aumento del acceso humanitario, reconstrucción básica y mecanismos de verificación sobre entradas de material.

El texto, tal y como se discute, no fija un calendario cerrado de retirada del ejército israelí ni proclama un alto el fuego inmediato. Esas dos ausencias son, hoy, el principal escollo.

Qué pide cada parte

Israel sostiene que no implementará ninguna de las medidas principales del plan hasta que todos los rehenes sean liberados, y mantiene su exigencia de garantías de seguridad sólidas para evitar rearmamentos o reagrupamientos. En paralelo, insiste en conservar libertad operativa si detecta amenazas.

Hamás condiciona su aval a una retirada más amplia que la sugerida inicialmente, a un horizonte claro de fin de la operación militar y a la liberación de un número significativo de presos. La organización acepta, sobre el papel, ceder la gestión civil a un gabinete técnico palestino, pero rechaza marcos que interprete como tutela externa indefinida.

Estados Unidos respalda el esquema paso a paso y presiona para una pausa efectiva de las hostilidades que haga viable el canje y el flujo de ayuda, con la idea de reconducir después la discusión hacia un arreglo político más amplio.

¿Habrá alto el fuego?

A día de hoy no hay un decreto de alto el fuego y continúan ataques aéreos y choques terrestres, especialmente en zonas urbanas densas. En las últimas 24 horas se han reportado nuevas víctimas mortales y heridos en la franja, lo que añade urgencia a la negociación. Cualquier acuerdo de canje necesitará, como mínimo, ventanas de seguridad verificables para movimientos de rehenes y personal humanitario.

Antecedentes inmediatos: treguas y canjes

En noviembre de 2023 se alcanzó una tregua de seis días que permitió liberar alrededor de un centenar de rehenes israelíes a cambio de más de 200 presos palestinos y la entrada de ayuda adicional. A inicios de 2024 se articuló otra pausa, de mayor duración, con una treintena de rehenes liberados y cerca de 2.000 presos excarcelados. En ambos casos, el alto el fuego se rompió y las operaciones se reanudaron.

Estos precedentes prueban que canjes puntuales son posibles, pero también que sin arreglos de seguridad, verificación y gobernanza más robustos, las treguas son frágiles.

Situación sobre el terreno: impacto humanitario

La capital de Gaza y otras áreas siguen bajo fuerte presión militar. Organismos y ONG alertan de escasez crónica de agua, alimentos y medicinas, hospitales desbordados y desplazamientos reiterados de la población hacia el sur por corredores que no siempre resultan seguros. La reactivación estable de puntos de entrada de ayuda y la protección de instalaciones sanitarias son condiciones que los mediadores consideran esenciales para sostener un acuerdo.

Gobernanza transitoria: la pieza sensible

Una de las claves es quién y cómo administrará Gaza mientras se reconstruyen servicios y se reforma la seguridad. La propuesta de un gobierno palestino técnico con apoyo internacional pretende evitar vacíos de poder, pero despierta suspicacias: Israel teme que sea una fachada; Hamás teme que sea un mecanismo para su exclusión permanente; los actores árabes piden que no se les cargue con una tutela abierta sin un horizonte político claro.

Seguridad y verificación

Para que la desescalada funcione, los mediadores impulsan fórmulas de monitoreo sobre el terreno: observadores, tecnología para control de flujos, reglas estrictas sobre materiales de doble uso y protocolos de respuesta ante violaciones. La experiencia muestra que sin verificación independiente, los compromisos se erosionan con rapidez.

Economía y reconstrucción: qué se necesitará

Más allá del alto el fuego, la franja requerirá financiación multimillonaria y un enfoque por fases: estabilización (agua, saneamiento, electricidad de emergencia), rehabilitación (vivienda básica, escuelas, centros de salud) y reconstrucción (infraestructura crítica). Los donantes piden garantías de seguridad y gobernanza transparente para comprometer fondos.

Qué mirar a partir de ahora

Antes de enumerar hitos, conviene tener claro que el proceso se mueve en márgenes estrechos: cualquier paso exige contrapartidas visibles y verificables, y la presión política en todas las capitales es alta.

  • El texto final de la primera fase (redacciones sobre retirada, pausas y canje).
  • El mecanismo de verificación aceptado por ambas partes y por los mediadores.
  • La secuencia de liberaciones (quién sale primero y bajo qué garantías).
  • La apertura sostenida de entradas de ayuda y la seguridad de los corredores.
  • El diseño de la autoridad transitoria y su calendario.

Si estos puntos se encarrilan, habrá espacio para discutir una arquitectura política más amplia. Si se enquistan, es probable que la violencia repunte y que el ciclo de pausas y reanudaciones se repita, con el consiguiente coste humano y político.

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