Las eléctricas presionan para mantener Almaraz abierta más allá de 2027
Las tres grandes compañías energéticas de España —Iberdrola, Endesa y Naturgy— han decidido solicitar formalmente al Gobierno una extensión del funcionamiento de la central nuclear de Almaraz (Cáceres), cuyo primer reactor debería cerrarse en 2027 según el calendario de desmantelamiento pactado en 2019.
El movimiento llega en un momento delicado. Si no presentan su petición antes del 1 de noviembre, estarían obligadas por ley a iniciar el proceso de cierre y desmantelamiento, lo que supondría el punto de partida del apagón nuclear progresivo en España.
Las empresas argumentan que la central sigue siendo segura, eficiente y rentable, y que su cierre dejaría un vacío energético difícil de cubrir con la actual capacidad renovable. Aseguran además que “extender la vida de las plantas nucleares no es ir contra la transición verde, sino garantizarla sin apagones”.
Un contexto energético cada vez más incierto
La solicitud de las eléctricas no llega por casualidad. En los últimos meses, varios organismos europeos han alertado de la fragilidad del sistema eléctrico ante la inestabilidad del suministro de gas, las sequías que afectan a la producción hidroeléctrica y el aumento del consumo por las olas de calor.

En España, el fantasma de un nuevo apagón —como el que se temió en 2021— ha vuelto a aparecer en redes y tertulias, especialmente tras los picos de demanda del verano y los problemas intermitentes en la conexión con Francia.
Aunque el Gobierno insiste en que el riesgo de apagón “es mínimo”, lo cierto es que la nuclear sigue representando más del 20% de la electricidad generada en España. Perder Almaraz supondría prescindir de una fuente estable y continua, justo cuando las renovables aún no alcanzan la firmeza necesaria para sostener la red por sí solas.
Una central clave para el equilibrio energético
La central de Almaraz es la más grande de España y cuenta con dos reactores que producen más de 16.000 GWh al año, suficiente para abastecer a más de cuatro millones de hogares.
Su cierre está programado en dos fases: el primer reactor en 2027 y el segundo en 2028. Pero las eléctricas sostienen que ambos podrían funcionar al menos una década más, como ya hacen muchas plantas en Francia, Finlandia o Estados Unidos.
Además, advierten que el desmantelamiento no solo tendría impacto energético, sino también laboral y territorial: la planta da empleo directo a más de 800 trabajadores y mantiene miles de puestos indirectos en la zona.
En palabras de un portavoz de las compañías: “Cerrar Almaraz sin tener asegurada la potencia equivalente en renovables y almacenamiento sería un error estratégico. España no puede correr el riesgo de quedarse a oscuras por ideología.”
El dilema del Gobierno: transición verde o estabilidad energética
El Gobierno de Pedro Sánchez ha reiterado su compromiso con el cierre ordenado del parque nuclear, alineado con los objetivos climáticos europeos. Sin embargo, la presión política y técnica aumenta.
Fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica reconocen que se está revisando el calendario de cierres, aunque “sin renunciar al compromiso de descarbonización”.
En el Ejecutivo hay divisiones internas: mientras algunos sectores defienden mantener las plantas más tiempo, otros —especialmente dentro de Sumar y Unidas Podemos— insisten en que apostar por la nuclear es frenar el avance renovable.
De fondo, se abre un debate más amplio: ¿puede España permitirse abandonar la energía nuclear antes de tener garantizada una alternativa estable y barata?
Europa da marcha atrás: el renacimiento del átomo verde
Mientras España avanza hacia el cierre nuclear, varios países de la UE están yendo justo en la dirección contraria.
Francia, Finlandia, República Checa o Polonia han aprobado nuevas centrales o han extendido las existentes más allá de los 50 años de vida útil.
Incluso la Comisión Europea ha reconocido la energía nuclear como “verde” dentro de la taxonomía de inversiones sostenibles, algo que España rechazó frontalmente.
Los defensores de mantener Almaraz abierta sostienen que no hacerlo sería un error histórico, especialmente ahora que la energía se ha convertido en un arma geopolítica y un factor crítico de competitividad.
Como resumen, la decisión del Gobierno no solo marcará el futuro de una planta, sino la estrategia energética de todo el país.
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