La inflación vuelve a subir en septiembre y golpea el bolsillo de los españoles

Los precios vuelven a apretar el bolsillo de los españoles. Según los últimos datos publicados, la inflación subió en septiembre hasta el 3%, más de lo que había adelantado el Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque el incremento parece moderado, el impacto real se nota en el día a día: hacer la compra o pagar los servicios básicos cuesta cada vez más.

La subida afecta especialmente a los alimentos, los carburantes y la recogida de basuras, tres de los sectores que más peso tienen en el gasto familiar. En las calles, la sensación es clara: el dinero rinde menos y llenar el carrito del supermercado se ha convertido casi en un lujo.

La inflación vuelve a subir en septiembre

Los alimentos siguen sin dar tregua

Pese a los intentos por contener los precios, los productos básicos de la cesta de la compra siguen disparados. El café ha subido casi un 20% en comparación con el año pasado, los huevos un 18% y la carne de vacuno más de un 16%. En muchos supermercados, los clientes reconocen que compran menos y buscan marcas blancas para compensar la subida.

Una mujer entrevistada lo resumía de forma directa: “Vas a comprar y es que no te llega. Con 50 euros ya no tienes ni para el carrito”. Es la frase que más se repite entre quienes intentan mantener la rutina sin que el presupuesto se dispare.

Los datos del INE confirman que la alimentación se mantiene como uno de los principales motores de la inflación, incluso por encima de la energía. Aunque algunos precios, como el del aceite de oliva, se han moderado un 43% en los últimos meses, el descenso no compensa las subidas acumuladas desde 2021, que todavía superan el 50%.

Facturas, transporte y servicios más caros

El aumento de precios no se limita a los alimentos. En septiembre, todas las facturas se han encarecido de forma generalizada. La electricidad y los carburantes han vuelto a subir, aunque con menor intensidad que el año anterior. Aun así, el transporte combinado de pasajeros —tren, metro y autobús— también se ha visto afectado, y eso repercute directamente en los trabajadores que usan estos medios a diario.

Uno de los incrementos más llamativos ha sido el de la recogida de basuras, cuyo precio ha crecido un 30% en comparación con 2024. La mitad de esa subida se ha concentrado solo en el último mes, coincidiendo con la entrada en vigor de la nueva tasa ambiental. Según los ayuntamientos, el ajuste responde al aumento de los costes energéticos y de gestión, aunque los ciudadanos sienten que se trata de “otra factura más que se dispara sin explicación”.

La inflación subyacente sigue preocupando

Aunque el dato general del 3% ya es elevado, la inflación subyacente —que excluye alimentos no elaborados y energía— sigue siendo la más preocupante. Este indicador refleja la presión de los precios en el resto de bienes y servicios, y es el que realmente muestra si la economía se está encareciendo de manera estructural.

Los analistas advierten de que España podría entrar en una etapa de inflación persistente, en la que los precios no bajen aunque la energía se estabilice. Esto se debe, entre otras cosas, a la subida de los costes salariales, el aumento del transporte y el impacto de los impuestos verdes.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) calcula que una familia media gasta hoy unos 1.200 euros más al año en alimentos y suministros básicos que antes de la pandemia. Y aunque el Gobierno insiste en que la economía sigue creciendo, la sensación entre los ciudadanos es que cada vez se llega peor a fin de mes.

El impacto social del encarecimiento

Más allá de los números, la inflación se ha convertido en un problema social que afecta especialmente a las rentas bajas y medias. Los hogares con menos recursos destinan una mayor parte de sus ingresos a alimentación y vivienda, por lo que cualquier subida repercute de inmediato en su economía doméstica.

Las asociaciones de consumidores reclaman medidas más contundentes, como ampliar las ayudas directas o reducir temporalmente el IVA en los productos esenciales. También piden una revisión de la nueva tasa de basuras, que califican de “injusta y desproporcionada”.

Por su parte, el Ejecutivo mantiene que la inflación se encuentra “bajo control” y que las medidas fiscales y energéticas adoptadas desde 2023 han amortiguado el golpe, evitando que la subida sea mayor. Sin embargo, las previsiones para el último trimestre del año apuntan a que los precios podrían mantenerse altos, sobre todo si el petróleo y el transporte internacional no se abaratan.

España frente al contexto europeo

Pese al aumento, España sigue teniendo una de las inflaciones más moderadas de Europa, solo por detrás de Francia y muy por debajo de Alemania o Italia. Aun así, el contraste con el poder adquisitivo europeo sigue siendo evidente.

El Banco Central Europeo continúa apostando por la cautela: ha mantenido los tipos de interés altos para enfriar los precios, pero eso también frena la inversión y encarece las hipotecas. La institución prevé que la inflación europea no vuelva al objetivo del 2% hasta 2026, lo que significa que los consumidores aún tendrán que convivir con precios altos durante un tiempo.

Un otoño de precios contenidos… pero sin alivio real

En resumen, la economía española parece haber dejado atrás los picos de inflación descontrolada, pero los precios siguen demasiado altos como para hablar de una recuperación real. Los alimentos básicos continúan subiendo, los servicios se encarecen y las familias no ven mejoras en su día a día.

El otoño ha llegado con un respiro estadístico, pero sin alivio en los bolsillos. Y aunque los informes del FMI y la Comisión Europea siguen situando a España como la economía más dinámica de la zona euro, los datos domésticos muestran una verdad más cruda: el crecimiento no siempre se traduce en bienestar, y la inflación sigue siendo el recordatorio diario de esa distancia entre las cifras y la realidad.

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