El BBVA fracasa en su intento de fusión con el Sabadell
Lo que durante meses parecía una operación destinada a transformar el mapa bancario español ha terminado en un rotundo fracaso. El BBVA no ha conseguido los apoyos necesarios para sacar adelante su OPA hostil sobre el Banco Sabadell, quedándose incluso por debajo del umbral mínimo del 30% que le habría permitido seguir adelante con la fusión.
En un ambiente de visible decepción, el presidente del BBVA, Carlos Torres Vila, ha reconocido que “no es el resultado que esperábamos ni el que deseábamos”, pero ha querido dejar claro que no piensa dimitir y que se siente “plenamente respaldado” tanto por el Consejo como por la Junta de Accionistas.
El golpe para el BBVA es importante. La entidad llevaba meses insistiendo en que contaba con un respaldo mayoritario y que su oferta sería vista como una oportunidad de consolidación. Sin embargo, el mercado ha hablado, y lo ha hecho en contra de sus planes.

Un fracaso con muchas lecturas
En el mundo financiero, pocas cosas pesan tanto como la reputación. Que una entidad del tamaño del BBVA haya fallado en una operación tan ambiciosa no solo daña su imagen, sino que también deja en evidencia los riesgos de forzar una integración sin el visto bueno del entorno político y empresarial.
El Banco Sabadell, por su parte, celebra la noticia como una victoria institucional y de autonomía. Su presidente, Josep Oliu, no ocultó su satisfacción: “Estamos muy satisfechos con este resultado. Ha sido un proceso intenso, pero se ha demostrado que Sabadell tiene un proyecto propio y el apoyo de sus accionistas”.
Las asociaciones empresariales y la patronal catalana, que se habían mostrado críticas con la OPA, también se han alineado con Sabadell. Consideran que la independencia del banco es “clave para la economía catalana” y que una fusión habría reducido la competencia y aumentado el riesgo de concentración.
El papel del Gobierno y la reacción política
El Gobierno español ha recibido el desenlace con alivio. Desde el Ministerio de Economía se ha subrayado que la decisión de los accionistas refleja “sentido común” y que se han evitado riesgos innecesarios para la estabilidad del sistema financiero.
La vicepresidenta económica destacó que España ya cuenta con un nivel muy alto de concentración bancaria y que una fusión de este calibre habría dejado al país con apenas tres grandes actores dominando todo el mercado. “El riesgo de tener un sistema demasiado concentrado es evidente. Hoy ha ganado la pluralidad y la competencia”, afirmó.
Por su parte, el Partido Popular ha aprovechado para criticar la actitud del Ejecutivo. Según el PP, “los poderes políticos no deben entrometerse en decisiones empresariales que deben ser fruto del mercado”. A su juicio, el Gobierno ha influido en la percepción pública de la OPA, condicionando su resultado final.
En Cataluña, el Govern ha mostrado satisfacción con el desenlace. Consideran que tanto BBVA como Sabadell son entidades fundamentales para la economía catalana y española, y que lo mejor para ambas es seguir caminos separados.
Las reacciones en los mercados y entre los analistas
En los mercados financieros, la noticia ha sido recibida con cierta sorpresa. Muchos analistas esperaban que el BBVA lograra al menos superar la barrera del 30%, abriendo la puerta a una segunda oferta mejorada. Sin embargo, el hecho de que no haya llegado ni a ese umbral ha sido interpretado como un rechazo rotundo del mercado.
Desde varias firmas de inversión apuntan que el error del BBVA fue confiar en exceso en el apoyo institucional y subestimar la resistencia de los accionistas minoritarios del Sabadell. Estos, influidos por la presión social y política, prefirieron mantener la independencia del banco antes que integrarse en una estructura más grande.
En algunos círculos financieros se comenta que el BBVA podría haber sido víctima de su propio optimismo. Su estrategia de comunicación —insistiendo en que la operación era inevitable— habría terminado por generar desconfianza y expectativas irreales entre los inversores.
El Sabadell, reforzado y vigilante
El Sabadell sale de este episodio reforzado, pero no sin deberes pendientes. La patronal catalana ha pedido a la entidad que consolide un “núcleo duro” de accionistas para blindarse ante futuros intentos de adquisición.
La dirección del banco coincide en que debe centrarse ahora en fortalecer su rentabilidad y eficiencia, sobre todo tras años de presión por parte de los mercados y de reestructuraciones internas.
Los sindicatos también han tomado la palabra, pidiendo que se aproveche este momento de calma para reducir la tensión laboral y frenar los recortes de plantilla que tanto BBVA como Sabadell han ejecutado en los últimos años. “El estrés al que están sometidos los trabajadores del sistema financiero es insoportable”, denunciaron desde CCOO y UGT.
Bruselas y la eterna cuestión de las fusiones bancarias
Desde Bruselas, la visión es más pragmática. La Comisión Europea ha reiterado que las fusiones bancarias nacionales y europeas pueden fortalecer el sistema financiero del continente, siempre que se hagan con transparencia y sin perjudicar a los consumidores.
Para la UE, el problema de Europa no es el exceso de concentración, sino la falta de bancos paneuropeos capaces de competir con los gigantes estadounidenses o chinos. Sin embargo, reconoce que el caso español es particular: después de la crisis de 2008, el país redujo drásticamente su número de entidades, y cualquier nueva fusión reabriría el debate sobre el exceso de poder en pocas manos.
Un capítulo cerrado, pero con consecuencias
El fracaso de la OPA del BBVA sobre el Sabadell no es solo una anécdota financiera: es una señal de advertencia para todo el sector bancario español. La época de fusiones forzadas y de grandes concentraciones parece haber llegado a su fin.
La operación deja heridos y vencedores parciales. El Sabadell refuerza su independencia, el Gobierno se apunta un tanto político, y el BBVA deberá revisar su estrategia y recuperar la confianza del mercado.
Como suele ocurrir en los grandes movimientos económicos, los efectos reales se verán a medio plazo. Pero una cosa ha quedado clara: en un sector tan vigilado como el bancario, no basta con tener músculo financiero; también hay que leer bien el clima político y social. Y esta vez, el BBVA no lo hizo.
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