Por qué la vivienda sigue subiendo aunque se construyan más pisos
Si miras el precio de la vivienda y luego escuchas que “se están construyendo más pisos que nunca”, lo normal es pensar que algo no cuadra. Si hay más casas, ¿no debería bajar el precio?
La lógica parece sencilla… pero el mercado de la vivienda no funciona como nos gustaría, sino como puede. Y ahí está el problema.
La realidad es que construir más no siempre significa abaratar, y hoy confluyen varios factores que empujan los precios hacia arriba aunque se levanten nuevas promociones.
Vamos por partes, porque este tema tiene más capas de las que parece.

El problema no es solo cuántas viviendas hay, sino para quién son
Aquí está una de las claves que casi nunca se explica bien.
Una parte importante de las viviendas que se construyen no van al mercado habitual de quien busca vivir en ellas. Muchas se destinan a inversión, a alquiler turístico, a fondos o a compradores con alto poder adquisitivo. Eso significa que no alivian la presión real sobre las familias que buscan alquilar o comprar para vivir.
En otras palabras:
Se construyen pisos, sí, pero no siempre para quien los necesita.
La demanda sigue siendo altísima y no solo por población
Otro mito habitual es pensar que la demanda solo crece porque llega más gente. No es tan simple.
Hoy hay más demanda porque:
- Los hogares son más pequeños
- Hay más personas viviendo solas
- La gente se emancipa más tarde, pero quiere hacerlo
- Muchas viviendas están vacías o fuera del mercado
Esto provoca que, aunque la población no crezca de forma espectacular, la necesidad de vivienda sí lo haga. Más hogares compitiendo por el mismo número de pisos eleva los precios, inevitablemente.
El miedo de los propietarios reduce la oferta real
Este punto es incómodo, pero es fundamental entenderlo.
Muchos propietarios prefieren no alquilar por miedo a:
- Impagos
- Procesos judiciales largos
- Ocupaciones
- Inseguridad jurídica
Cuando una vivienda se queda vacía por miedo, desaparece del mercado, y eso reduce la oferta efectiva. Menos oferta + misma demanda = precios más altos.
No es una cuestión ideológica, es un efecto práctico del sistema.
Construir es cada vez más caro y eso se traslada al precio
Aunque no se hable mucho de ello, construir hoy cuesta bastante más que hace unos años.
Han subido:
- Materiales
- Energía
- Mano de obra
- Costes financieros
- Normativas y exigencias técnicas
El resultado es que el precio final del piso ya nace alto. No es solo especulación, muchas promociones no salen rentables si se venden barato.
Esto limita la construcción de vivienda asequible y empuja los precios del mercado.
La vivienda se ha convertido en un valor refugio
En un contexto de inflación, incertidumbre y miedo a perder poder adquisitivo, la vivienda se percibe como un lugar seguro donde poner el dinero.
Eso atrae inversión, tanto nacional como internacional, y aumenta la competencia por los mismos inmuebles. Cuando el dinero compite con la necesidad básica de vivir, el precio casi siempre gana.
¿Por qué no funcionan las soluciones rápidas?
Cada vez que se propone una solución “rápida”, suele ignorar alguno de estos factores.
- Limitar precios sin aumentar oferta puede reducir aún más el alquiler
- Construir sin controlar el destino no resuelve el problema
- Señalar a un solo culpable simplifica demasiado una realidad compleja
El mercado de la vivienda es un equilibrio frágil entre oferta, demanda, confianza y contexto económico. Tocar una pieza sin ajustar las demás suele generar efectos secundarios no deseados.
Entonces, ¿qué está fallando realmente?
Más que un único problema, lo que hay es una suma de tensiones acumuladas durante años:
- Falta de vivienda asequible
- Inseguridad para propietarios e inquilinos
- Inversión descontrolada en zonas tensionadas
- Ritmo de construcción insuficiente donde más se necesita
El resultado es el que vemos hoy: precios que suben incluso cuando se construye más.
La gran conclusión
El encarecimiento de la vivienda no es una anomalía puntual, sino el reflejo de un sistema desequilibrado. Mientras no se aumente la oferta real, se recupere la confianza y se diseñen políticas que entiendan cómo funciona el mercado de verdad, los precios seguirán tensándose.
La vivienda no sube porque sí.
Sube porque nadie ha conseguido aún resolver el problema de fondo.
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