Comer en Ciudad Lineal: 3 sitios donde todavía se come como antes
Madrid cambia rápido. Demasiado rápido a veces. Calles llenas de franquicias, locales clónicos y restaurantes que parecen copiados con plantilla. Pero si te alejas un poco del centro, todavía quedan barrios donde la comida sigue teniendo sabor a casa y los bares siguen teniendo personalidad.
Eso es justo lo que pasa en Ciudad Lineal.
Aquí sobreviven esos sitios donde el camarero te habla de tú, donde el menú del día sigue siendo protagonista y donde la comida importa más que la foto para Instagram.
Si estás por la zona este de Madrid hoy y quieres comer bien de verdad, apunta estas tres paradas que nunca fallan.

Casa Moraleda: cocido madrileño sin postureo en Arturo Soria
En una zona conocida por su perfil residencial tranquilo y elegante como Arturo Soria, Casa Moraleda es de esos descubrimientos que no esperas. Nada más entrar entiendes el concepto: local sencillo, ambiente de barrio y olor a comida de verdad desde la puerta.
Aquí no vienes por decoración moderna ni por platos minimalistas. Vienes a comer.
Su gran protagonista es el cocido madrileño servido en tres vuelcos, contundente, sabroso y de los que te dejan completamente satisfecho. Raciones generosas, caldo potente y esa sensación de comida hecha con paciencia.
El ambiente suele ser mezcla de vecinos de toda la vida, trabajadores de la zona y clientes habituales que saben exactamente a qué vienen. El servicio es rápido, cercano y sin complicaciones.
Qué pedir sí o sí
- Cocido madrileño tradicional
- Oreja en ración
- Guisos caseros del menú del día
Dirección: Calle de Agastia, 48 (Metro Arturo Soria)
Consejo práctico: Los martes suelen tener guiso especial en el menú y desaparece rápido. Si llegas tarde, te quedas sin él.
Casa Sierra: historia, vermú y tradición junto a Ventas
A pocos pasos de la Plaza de Toros de Las Ventas hay un sitio donde parece que el tiempo se ha quedado quieto. Casa Sierra, fundada en 1925, es uno de esos bares con historia que se sienten nada más cruzar la puerta.
Barra clásica, ambiente castizo y una clientela que mezcla aficionados taurinos, vecinos y madrileños que buscan tradición pura. Aquí el plan perfecto es sencillo: vermú de grifo, tapa y conversación tranquila.
Su cocina apuesta por lo de siempre, pero bien hecho. Destaca especialmente el rabo de toro, meloso y lleno de sabor, y unas patatas bravas que muchos consideran de las mejores de Madrid, con una salsa potente y sin artificios.
Es un sitio perfecto tanto para parar a picar algo rápido como para una comida relajada con sabor tradicional.
Qué pedir sí o sí
- Rabo de toro
- Patatas bravas
- Vermú de grifo
Dirección: Calle de Villafranca, 11 (junto a Plaza de las Ventas)
Consejo práctico: Ideal para un picoteo improvisado si estás por la zona y quieres calidad sin complicarte.
Docamar: las míticas patatas bravas que definen un barrio (Pueblo Nuevo)
Si preguntas a cualquier madrileño por las mejores patatas bravas, el nombre de Docamar aparece siempre en la conversación. Este restaurante abierto desde 1963 es ya parte de la identidad del barrio.
Situado en plena calle Alcalá, entre Quintana y Pueblo Nuevo, el local siempre tiene movimiento. Su terraza suele estar llena y el ambiente es puro barrio: familias, grupos de amigos, vecinos habituales y clientes fieles de toda la vida.
La fama viene de su salsa brava, una receta familiar que llevan décadas perfeccionando y cuyo secreto guardan como oro. Picante equilibrado, sabor intenso y textura inconfundible. Incluso puedes comprar la salsa para llevar, aunque la receta nunca la revelan.
Además de las bravas, el menú del día funciona muy bien y las raciones son generosas.
Qué pedir sí o sí
- Patatas bravas
- Raciones para compartir
- Menú del día
Dirección: Calle de Alcalá, 337 (Metro Quintana o Pueblo Nuevo)
Consejo práctico: Si vas a comer, intenta llegar temprano. Se llena incluso entre semana.
Por qué merece la pena comer en Ciudad Lineal
Mientras muchas zonas de Madrid se llenan de locales idénticos, Ciudad Lineal mantiene ese espíritu de bar de barrio que cada vez cuesta más encontrar. Aquí todavía existen sitios con personalidad propia, precios razonables y cocina honesta.
Comer en este distrito no es solo una cuestión de precio o comodidad. Es una forma de apoyar el comercio local, descubrir rincones con historia y recordar cómo era salir a comer antes de que todo se volviera uniforme.
Y eso, hoy en día, tiene muchísimo valor.